Test Hipoosmótico en el Caballo


Los parámetros estandarizados usados para evaluar la infertilidad del macho (número total, movilidad progresiva y morfología) tienen una capacidad limitada para predecir el potencial fecundante de un eyaculado. La membrana espermática es de fundamental importancia en el proceso de fertilización, por esa razón se ha dedicado bastante atención a esta área de estudio en los últimos años. Existen tres pruebas que están disponibles para avaluar la integridad de la membrana, entre ellos encontramos tinciones supravitales,  TBA (tiobarbituric acid assay) y el test hipoosmótico.
La coloración supravital realizada con eosina amarillada 2% (Krause, 1966), determina de forma objetiva las células viables para determinar la integridad de la membrana espermática. Cuando las células sufren una lesión de la membrana absorben el colorante, por tanto, los espermatozoides no coloreados representan a las células viables y los coloreados a las células muertas. Sin embargo, la fertilización no ocurre si la membrana espermática está bioquímicamente inactiva, inclusive si el espermatozoide está estructuralmente intacto, por lo que el test hipoosmótico es un indicador más apropiado que la tinción supravital para evaluar membranas.
La capacidad de los espermatozoides equinos para revertir el efecto de la hinchazón producido por el test hipoosmótico es probable que se suceda durante el proceso de criopreservación posterior.
Una vez visto el importante papel que juega la membrana espermática en la capacidad fecundante de un eyaculado, sería interesante el estudio de la estructura y composición de dicha membrana.

Membrana plasmática del espermatozoide

Todo el espermatozoide está contenido en la membrana plasmática, que se ensancha en áreas especializadas y forma el componente más externo del espermatozoide. Permanece intacta, excepto en la región del acrosoma previo a la fertilización o como resultado de la muerte del espermatozoide (Davies, 1999).
La membrana plasmática del espermatozoide es heterogénea y tiene cinco dominios específicos: el acrosoma, segmento ecuatorial, basal, pieza media y cola (Aurich, 2005). La composición lipídica y proteica de cada membrana es única y ocurre muy poco o nada de intercambio de lípidos o proteínas entre ellas.
Estructuralmente se compone de tres capas o zonas: bicapa lipídica, interfase fosfolípidos-agua y glycocalix.
La bicapa lipídica esta subdividida en fosfolípidos polares, que se orientan con las cabezas polares hidrofílicas situadas externamente y las cadenas de ácidos grasos orientadas internamente. La mayoría de los lípidos son fosfolípidos y colesterol. La cantidad de colesterol, relativo al fosfolípido, determina la fluidez de la membrana y guarda una relación indirecta. El colesterol, actúa junto con proteínas integrales, como un estabilizador asegurando una configuración laminar de los fosfolípidos y de la bicapa. Es sabido que la concentración de colesterol varía entre las zonas de la membrana plasmática, siendo más alta en la región del acrosoma (Davies, 1999).